viernes, 10 de mayo de 2013

ALONSO REYES BARROSO (1913-1978): CENTENARIO DE SU NACIMIENTO

ACTO CONMEMORATIVO 
EN EL SALÓN DE ACTOS DE LA REAL ACADEMIA CANARIA DE BELLAS ARTES SAN MIGUEL ARCÁNGEL.
LUNES 22 DE ABRIL DE 2013

En tercer lugar interviene la profesora de la Universidad de La Laguna Dra. Doña Ana María Quesada Acosta intervino sobre el tema "D. Alonso Reyes y su contexto histórico-artístico" ... 

ANA MARÍA QUESADA ACOSTA
Sra. Presidenta, ilustres  académicos, miembros de la Asociación Cultural “Desde la sombra  del almendro”, señoras y señores, es para mí una gran satisfacción participar en  este merecido homenaje que hoy se le rinde a Alonso Reyes Barroso, en el centenario de su nacimiento, una figura que contribuyó como escultor y docente, a forjar una página más del panorama artístico del pasado siglo. Su recorrido vital discurre entre 1913 y 1978, un marco temporal en el que se suceden numerosos y convulsos acontecimientos históricos que condicionarán, como  en otras tantas localidades españolas, el  devenir de la plástica insular. Interpretar en esta breve disertación, la trayectoria trazada por este  escultor, como ocurre en otros muchos casos, me lleva  a considerar el significado y alcance de una serie de hitos históricos y artísticos, que de una forma u otra, le fueron determinantes, facilitando así, una   mejor comprensión y contextualización de la misma.
ALONSO REYES BARROSO
Su nacimiento, en Santa Cruz de Tenerife, en el seno de una familia  de extracción humilde, le lleva  a  convertirse, aún  adolescente, en  ayudante de taller del escultor Nicolás Granados Raimundo, oriundo de Córdoba, si bien residente en la capital  tinerfeña, donde  figura  activo  a partir de 1925, tras cursar estudios de Bellas Artes en la Escuela de Santa Isabel de Hungría en Sevilla. Imbuido de esta formación academicista, y por ende figurativa, abría su taller en Santa Cruz, dando forma a numerosos retratos de amigos y personalidades locales, mientras que el panorama del arte canario, a grandes  rasgos, se diversificaba en distintas  líneas. Por una parte, aún pervivían, aunque en  claro descenso, aquellos artistas que pretendían prolongar con escasos síntomas de renovación la actividad imaginera de Fernando Estévez, fallecido muchos años antes. Mientras, otros creadores optaban por continuar la estela  del regionalismo, frente a los  que   defendían    una  opción   ideológica más  cosmopolita, conviviendo asimismo con aquellos críticos y literatos que intentaban impulsar el desarrollo de la vanguardia insular.
De este  panorama, que  aunaba tradición e innovación, quizás debió ser consciente en fechas tempranas Alonso Reyes, al asistir frecuentemente a las reuniones  celebradas por Granados en su taller, una tertulia conocida, como indicara Gilberto Alemán, años después, en su habitual crónica periodística, como la Pequeña  Atenas, a la que acudían artistas, poetas y todas aquellas  personas interesadas en el mundo  artístico, entre  ellos  el periodista  Diego  Crosa, el escritor e historiador Sebastián Padrón Acosta y los pintores Álvaro Fariña, Manuel Martín González, Antonio González  Suárez, Juan Davó, López Ruiz, Pedro de Guezala, representantes casi todos de la sección más conservadora  del  arte  insular. En ese entorno, se inicia en los entresijos de la escultura, asumiendo la huella estilística, particularmente el suave modelado de su maestro, de quien a su muerte, en 1942, heredaba el taller. Para entonces, ya había atendido algunos encargos, la mayoría obras de mediano formato, algunas de temática religiosa y otras de talante  regionalista, cuya dicción  lo insertan  de lleno  en las teorías  estéticas defendidas por la mayoría  de los que asistían a aquel cenáculo.
DIBUJO
Serán los años de la inmediata posguerra, años en los que pocos artistas podían vivir  del arteen  el  Archipiélago, sólo  aquellos cuya obra se adaptaba a la demanda conservadora de la burguesía, de ahí la pervivencia de los géneros tradicionales, que en ocasiones, mantienen la indagación acerca de la identidad iniciadas en la década de los treinta, si bien es verdad que prevalecerán las lecturas conservadoras de las costumbres populares, dentro de un arte regionalista festivo que enaltece la belleza idílica de las Islas, el paisaje, el arte  religioso y los tradicionales retratos, desnudos y bodegones, cultivados por una generación de artistas que ya exponía  sus obras y recibía  el refrendo de la sociedad insular, o al menos de los sectores  más pudientes en los años previos a la rebelión  militar.
Las obras de Reyes Barroso se aproximan a esta  línea, que  basa su iconografía menos en las escenas colectivas que en la imagen solitaria de  la mujer  canaria, a través de la cual evoca simbólicamente al matriarcado, siendo  uno  de sus principales cultivadores, su amigo Pedro de Guezala, quien había encontrado en 1938 el arquetipo de sus magas, del que nunca más se alejaría, como se aprecia en las numerosas exposiciones que celebró en el Círculo de Bellas Artes, cenáculo abierto a estas tendencias, que entonces dirigía el acuarelista Francisco Bonnín, labor que compaginaba con las funciones de censor  de prensa.
Paralelamente a sus incursiones en la recreación de matiz regionalista, Reyes Barroso se inicia en la temática religiosa, línea de trabajo en la que parecía sentirse más cómodo, hasta el punto de  considerar la posibilidad de crear una  escuela de imaginería, idea que no llegó nunca a concretar. Sin embargo, en la producción de estos años, sobresalen por su cantidad y calidad los retratos, que trabajó generalmente en yeso patinado, o en bronce, siguiendo esquemas compositivos muy similares a los de su maestro. Entre los representados destacan  pintores y escultores, como  Nicolás Granados, Valentín  Sanz, y  Martín González, pero  también podemos encontrar destacados personajes del ámbito cultural, como José Hernández  Amador, primer presidente del Ateneo de La Laguna, busto de dicción academicista, que corta en plano a la altura de los pectorales.
Entre la relación de retratos encontramos también el de Francisco García Escámez, hoy en paradero desconocido (realizado hacia 1946), militar convertido en icono de la escultura conmemorativa de aquellos años, cuya imagen sirvió para aleccionar al espectador desde el espacio urbano, casi siempre en entornos de obras emprendidas durante su gestión al frente del Mando Económico, reforzando con su presencia las numerosas placas marmóreas que registran a este organismo como promotor de determinadas zonas, barriadas o construcciones individuales, una costumbre que también difundieron otras islas, como la de La Palma, que erige una misma versión de este personaje, de autor anónimo, junto a los cuarteles militares situados en Breña Baja, y en el interior de una rotonda, que precede  a la bodega de Teneguía, en Fuencaliente, edificio  proyectado como nave  industrial de la cooperativa vinícola de Fuencaliente. Al mismo personaje perpetuó el escultor grancanario Abraham Cárdenes en la barriada bautizada entonces Generalísimo Franco en Shamman, Las Palmas de Gran Canaria.
ALONSO REYES TRABAJANDO
Sin embargo, el  nombre de Alonso Reyes ha quedado vinculado a la estética de los vencedores, por su intervención escultórica en el conjunto monumental que Santa Cruz de Tenerife, erigió en uno de los puntos más estratégicos de la ciudad, el  Monumento a los Caídos, concebido con la implícita idea de perpetuar y propagar la ideología del nuevo sistema político. La iniciativa fue impulsada por el Mando Económico de Canarias, financiada por suscripción pública, y sometida a concurso nacional. Se presentaron varios diseños entre los que resultó seleccionado el firmado por el arquitecto Tomás Machado,  dado que según reza en la resolución resolvía "mejor que cualquiera de los restantes el aspecto conmemorativo del Monumento siendo el más logrado clásicamente, tanto en si como en relación a la plaza, y presentando análoga visión desde cualquier punto de vista". Se trataba de erigir el proyecto conmemorativo más ambicioso de cuantos hasta ahora contaban las islas, un monumento que reuniese todas las funciones que debía desempeñar una obra de esas características, según los criterios del momento, perfectamente evidenciados en el colosal Valle de Los Caídos. Todo el  conjunto se pliega a las exigencias de legitimación del régimen, adoptando el lenguaje simbólico de la ideología  política  del bando vencedor.
LA VICTORIA
La cercanía del puerto determinó la elección de la explanada entonces denominada Plaza Primo de Ribera, con cuya urbanización Santa Cruz resolvía además una vieja aspiración: la ocupación del solar resultante de la demolición del antiguo Castillo de San Cristóbal, propósito que a su vez debemos contemplar dentro de la planificación del frente marítimo que en esos años se llevaba  a cabo.
La plaza recientemente remodelada por el proyecto de Herzog & Meuron, debía presentar infinitud de puntos de vista, ofreciendo además la confrontación de dos fachadas, una simbólica y otra  funcional. En la primera  orientada  hacia el  puerto, se despliega el imaginario escultórico, integrado por dos soldados realizados por Cejas Zaldívar, en actitud de guardia, que se apoyan en espadas-cruces, y miran hacia el suelo, cubiertos exclusivamente por una malla en sus cabezas. Uno representa el valor cívico y otro el militar, bajo una estética próxima a la del alemán Arno Brecker. En el cuerpo central, se localiza la intervención de Alonso Reyes, representación de La Victoria alada, de algo más de cuatro metros de altura y tallada en piedra de Granadilla. Es una figura femenina que a modo de mascarón se levanta sobre una simulada nave, evocando a la Niké de Samotracia. Dirige sus brazos hacia atrás conduciendo  la visión del espectador hacia dos relieves ilustrativos. En el brazo izquierdo sostiene un haz de espigas que conecta con el panel rectangular del lado derecho, en el que se representan a los guanches portando frutos  naturales del mar y de la tierra, alegorizando la aportación civil tinerfeña a la Cruzada de Liberación y en agradecimiento a la conquista y al descubrimiento de las islas por la monarquía castellana. Su brazo derecho dirige una espada hacia el panel de la izquierda, donde se representan soldados de los tres ejércitos, símbolo de la aportación militar de Canarias a la Guerra Civil. El nombre  del escultor y el año de su realización aparecen grabados sobre el ropaje, cerca de la base: Alonso Reyes, 1946.
Desde que surgió  la iniciativa, el proyecto se convirtió en un tema mediático,   cuya trayectoria se puede seguir de forma detallada a través de la prensa,   incluso desde una perspectiva más irónica, como la que acertadamente, nos ofrece la caricatura.
La ausencia  de  encargos y el ambiente cerrado de las islas, provocan su marcha en 1949 a Sevilla, ingresando en la Escuela de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, iniciativa materializada gracias la generosa gestión económica que lleva a cabo el acuarelista Francisco Bonnín, quien convencido de la necesidad que los artistas tenían de ampliar sus perspectivas, había financiado también, muchos años antes el viaje de Borges Salas a París, intentando subsanar con ello la carencia de becas por parte de las instituciones políticas de  la  Isla. Durante los cinco años que permaneció en la Escuela, su producción se reduce considerablemente por razones obvias, si bien ni ésta ni su nombre caen en el olvido, ya que lo vemos participando en las ediciones, del por entonces consolidado Salón de Artistas Tinerfeños, concretamente en la de 1949 y en la que se celebra dos años después. Además, en 1950 exhibía obra en el homenaje que la capital tinerfeña rinde a Padrón Acosta, sin olvidarnos de su reseñada presencia en las convocatorias   de 1952 y 1954, de la Exposición  de Escultores de Tenerife.
PINTURA
Pero quizás la prueba que refuta el recuerdo que de su actividad persiste aún en el ambiente artístico radique en la selección de un dibujo suyo, a exhibir en 1951, en la I Bienal de Arte Hispanoamericana que celebra en Madrid, un evento que tenemos que entender como fruto de la consciente necesidad que siente la oficialidad española de salir, a partir de 1945, del aislamiento, para  proyectarse internacionalmente a través del arte,  interpretado ahora como un medio de propaganda en el exterior; una acción  planificada y sistematizada a través del Plan de Promoción Internacional que puso en marcha Luis González  Robles, responsable de planear la actividad artística española a través de la organización de  bienales, como las mencionadas, o las celebradas en Venecia. La primera Bienal Hispanoamericana fue inaugurada por el Jefe de Estado, coincidiendo con la celebración del 12 de octubre, día de la Hispanidad, y con la conmemoración del quinto centenario del nacimiento de Isabel la Católica, nuevos referentes para la diplomacia franquista, circunstancia que quedó nítidamente subrayada en el discurso pronunciado por Joaquín Ruíz Jiménez. Numerosos creadores plásticos de las Islas desearon ser seleccionados, responsabilidad que recayó en el pintor Mariano de Cossío y el crítico Eduardo  Westerdahl. Una reseña escrita por María Rosa Alonso en la prensa, da cuenta de la deficiente organización de  este  certamen, que no obstante "admiraba precisamente por su carácter aperturista, dada la feliz convivencia de artistas  académicos y abstractos. ¿Y nuestros  artistas  canarios?, preguntaba ella misma para a continuación ofrecernos la respuesta: perdidos casi todos entre los expositores de las otras provincias y los restos de pintores madrileños que no se pudieron colocar entre los grandes. Con categoría  de pintores nacionales o sea entre los más destacados estaban  en el Palacio de Cristal, Juan Guillermo, con sus paisajes urbanos madrileños, Gregorio Toledo, de fina factura con su pintura religiosa, y una cabeza de mujer de Plácido Fleitas. Repartidos   en otros inmuebles del  Retiro, se localizaban el  resto, entre ellos Juan Ismael, Carlos Morón, Martín González, Manolo Ramos, Manolo Millares, Pedro de Guezala, Mariano de Cossío, Santiago Santana, Carlos Chevilly, en resumen, para no cansarlos, un elenco suficientemente representativo de los diferentes lenguajes artísticos que se  estaban desarrollando en el Archipiélago. La obra presentada por el artista que nos ocupa fue un dibujo, en el que debió de reparar la periodista, ya que señala, "entre los dibujantes sólo recuerdo un retrato del escritor Padrón Acosta, debido a Alonso Reyes Barroso". Aunque María Rosa concluye indicando que esta exhibición no serviría de mucho para los artistas  canarios, si deseo insistir en que no dejó de ser para muchos, un medio de proyección fuera de las islas, como ocurrió por ejemplo con Manolo Millares para quien supuso el encuentro definitivo con la realidad artística contemporánea, y también la ocasión de medir su pieza Aborigen nº 1, realizada ese mismo año con las aportaciones de otros  creadores  innovadores.
ESCULTURA
A su regreso a la isla, su actividad como creador decrece, una aparente paradoja de fácil  explicación. El título obtenido favorece su inserción en el cuerpo docente de distintas centros, garantizándole un trabajo seguro que sistemáticamente negaba la práctica artística de aquellos años. Una actitud por otra parte, adoptada también por idéntica razón, por otros muchos creadores canarios. Recordemos que la enseñanza fue un refugio para numerosos creadores activos en las décadas de los cuarenta y cincuenta, debido precisamente a las estrecheces materiales y a la imposibilidad, de vivir del arte. La excesiva dedicación que presta a partir de entonces a sus alumnos, como ha quedado demostrado a lo largo de este homenaje y que me han corroborado algunos académicos que recibieron sus enseñanzas, como Rosario Álvarez, Gerardo Fuentes o Fernando Castro, le debieron restar muchas horas para dibujar y esculpir. A esta circunstancia se une  posteriormente algunos contratiempos familiares, entre ellos el fallecimiento de su esposa, que le harán desistir definitivamente de  su  actividad artística. Sus obras, escasas en estos últimos  años, reflejan su paso por la Escuela Sevillana, con una dicción más académica, aunque en ocasiones nos sorprende retomando los temas regionalistas, de factura más suelta y expresiva, que algunos comentarios escritos han situado próximos a la estética indigenista impulsada por los alumnos de la Escuela Luján Pérez, a partir de la segunda década del pasado siglo, aunque en mi opinión carecen del componente social y crítico que caracterizó al de aquellos  artistas.
En estos años, en los que su actividad languidece, muchos artistas decidían abandonar las islas, eligiendo como destinos prioritarios, Madrid, por ser la capital y Barcelona, por  su cercanía con  Francia,  centro de  la  vanguardia. No podemos olvidar tampoco la corriente migratoria que se produce a Venezuela, a donde marcha Juan Jaén, Eduardo Gregorio, Juan Ismael. Mientras algunos  colectivos intentan recobrar ya desde los 50 el pulso de la vanguardia, como PIC, (Pintores Independientes Canarios), o LADAC, los arqueros del  arte contemporáneo. Y ya en los  sesenta surgía el Grupo Nuestro Arte, heterogéneo colectivo, sin planteamientos estéticos unitario que contribuyó a dinamizar el  panorama. Formaron parte del mismo Miguel Tarquis, Pedro González, Carlos Pinto Grote, María Belén Morales, Maribel Nazco. Cinco años antes de su muerte Tenerife organizaba la I Exposición Internacional de Esculturas en la Calle.
Para terminar señalar simplemente que de la producción de Reyes Barroso y de algunas de sus exposiciones, se ocupó la prensa del momento, Pero lamentablemente, su trayectoria, ha sido escasamente difundida por críticos e historiadores del arte, por lo que espero sinceramente que este recuerdo que hoy le rendimos, estimule la investigación sobre la actividad y entorno, de un artista que como otros tantos españoles, se vio condicionado por el conflicto bélico y la posguerra. Un autor, asiduo a las tertulias del Círculo de Bellas Artes, que al igual que sus amigos, de posturas artísticas diferentes, entre otros, Pedro de Guezala y Carlos de Chevilly, con quienes se intercambiaban con afecto obras artísticas, no renunciaría jamás  al arte, pues al fin y al cabo la admiración que sentía por la creatividad supo canalizarla a través  de su excelente  labor docente.

miércoles, 8 de mayo de 2013

ALONSO REYES BARROSO (1913-1978): ACTO CONMEMORATIVO

CENTENARIO DE SU NACIMIENTO (1913-2013)
En el Salón de Actos de la 
Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel.

Lunes 22 de Abril de 2013.

Despues de la apertura del acto, interviene en segundo lugar, el profesor de la Universidad de La Laguna Dr. D. Gerardo Fuentes Pérez con el titulo de "El despertar del dibujo a través del 'maestro' Alonso Reyes" ...
Gerardo Fuentes
Gracias a la Asociación Cultural “Desde la sombra del almendro por permitirme colaborar hoy en este homenaje al profesor Don Alonso Reyes, y gracias también porque es una oportunidad de poder renovar mis recuerdos de la época de estudiante, pero sobre todo de poder volver a aquellos inicios en los que mi vocación por la Historia del Arte y las Bellas Artes asomaba ya en mi espíritu inquieto y buscador.
Y también manifiesto hoy aquí mi satisfacción y orgullo porque tuve la gran suerte de contar con un excelente profesor de Dibujo, sin percatarme  entonces de que aquel hombre que revisaba una y otra vez nuestros trabajos en clase, no era cualquier profesor que cumplía con su asignatura, sino de un artista cuya fama trascendía los límites insulares
Para un alumno como yo, que experimentaba el placer de los trazos, a lápiz o a carboncillo, sobre aquellos papeles rugosos por su contenido en gramaje, las orientaciones y estímulos de Don Alonso fueron esenciales en mi formación, aunque aún no tenía muy claro mi decisión de estudiar Bellas Artes, que compaginé más tarde con los de Filosofía y Letras en la Universidad de La Laguna.
ALONSO REYES BARROSO
Sabemos que Don Alonso Reyes fue básicamente escultor, aunque practicó la pintura y otras facetas del Arte, como el Dibujo. Y fue esta práctica, enseñada por Don Alonso la que me ayudó a descubrir las posibilidades del campo artístico, pues no solo nos mostró las diversas técnicas del dibujo, las herramientas, sus condiciones, sino también el amor a esta facultad artística, tan valorada en el pasado,  incluso muy anterior a los planteamientos académicos del Renacimiento. Ya Pausanias y Plinio hacían hincapié en la importancia del dibujo como elemento base tanto para la escultura como para la pintura, independientemente del método empleado y del carácter artístico que a veces llega a adquirir.
No es extraño que el dibujo constituyera la base de cualquier aprendizaje artístico, obvio si tenemos en cuenta que siempre ha constituido la preocupación máxima de la representación visual, donde la línea “va más lejos: divide el espacio bidimensional en planos y sugiere la tercera dimensión al separar la forma definida del plano soporte (…), la línea determina la relación espacial de los objetos”.
Seguro que Don Alonso, como docente, no le interesó tanto el Dibujo como  recurso para elaborar proyectos artísticos (bocetos, notas, esquemas, anotaciones, etc.), sino  más bien el Dibujo como obra de Arte; elevarlo a la categoría de obra de Arte.
La misma preocupación que tuvieron los tratadistas del Renacimiento hasta el siglo XIX por considerar que el Dibujo era un perfecto medio de educar, de ordenar la mente y, sobre todo, de despertar el interés por las capacidades de los jóvenes, sobre todo, ante la búsqueda de una profesión,  también la tuvo Don Alonso, porque el Dibujo era entonces una asignatura de capital importancia, tanto en su vertiente meramente artística, como en la del “dibujo lineal”, de trabajo menos libre, sometido a disciplinas más mecánicas, en las que el alumno debía manifestar su destreza y capacidades en el manejo del compás, de las distintas reglas y, sobre todo, del control de la tinta china que muchas veces, casi siempre al final del trabajo, nos sorprendía con la consiguiente repetición.
Los que éramos de Letras nos preguntábamos para qué servía este tipo de Dibujo, de rayas exactas, de elipses constantes, siempre bajo la tensión del fluir de la tinta. Sin embargo, con el correr del tiempo, uno fue descubriendo lo eficaz de esta práctica, pues nos enseñó a ser diligentes, cautos en el manejo de las herramientas, en el control de nuestras emociones, seguros de nuestras capacidades, pero, sobre todo, en el descubrimiento de la línea, de las composiciones lineales.
TEOBALDO POWER Y LOS "CANTOS CANARIOS"
Cuando llegaba el momento de la clase del llamado Dibujo artístico, yo experimentaba otras sensaciones, mucho más placenteras, más seguras y libres. 
Era más yo. Recuerdo con muchas nitidez la imagen de Don Alonso, de cuerpo reposado, campechano, sentado junto a mí, en el pupitre, corrigiéndome los defectos de mis dibujos, de los contrastes, del tratamiento del difumino y, especialmente, el procedimiento de la perspectiva, que siempre intenté engañarle porque no tenía muy en cuenta este aspecto.  Una vez me acerqué a su mesa y le entregué un dibujo que representaba una ciudad portuaria, idealizada, enorme, casi fotográfica, yo diría hiperrealista. Lo vio y lo analizó con mucha atención. Yo, en cambio, miraba fijamente el movimiento de  su mano derecha, del lápiz, porque sabía que el cualquier momento comenzaba a trazar líneas, correcciones, y a regañarme por no haber tenido presente las líneas fundamentales. Pero no fue así. Todo lo contrario. Me felicitó, y por vez primera alguien valoró mi obra, y me dijo que yo debía estudiar Dibujo en la entonces Escuela de Bellas Artes. Fue el reconocimiento de lo que ya se agitaba dentro de mí ser. Aún conservo ese dibujo, que quise esta tarde traer aquí, pero de verdad que no sé dónde lo que he metido. Sé que está en algún rincón de mi biblioteca, de mis cosas. Espero que algún día, haciendo limpieza, lo encuentre. Fue el Dibujo, el acicate, que me empujó luego a estudiar Bellas Artes. El Dibujo que le gustó a Don Alonso Reyes. Con mi mirada de adolescente, creí que aquel consejo de Don Alonso suponía reconocerme artista, fue –en términos actuales- haber superado un casting. Efectivamente, los cursos de Bellas Artes no hicieron de mí un artista, pues los utilicé para profundizar en el conocimiento de la Historia del Arte, en el alma de escultores y pintores, en las técnicas empleadas, en la utilización de los materiales, en ir aún más lejos. Pero el Dibujo siempre me acompañó, haciendo de él un lenguaje, un estilo en la interpretación de la obra de Arte.
Y cuando dibujo tengo en mi mente a los que me enseñaron, a los que me ayudaron a conducir correctamente, pero con libertad, el lápiz sobre el  papel. Porque ellos, como Don Alonso, mantuvieron la grandeza y la necesidad del Dibujo defendida por los viejos tratadistas como Cennini, que hacía terminadas recomendaciones a los adolescentes quienes siempre deberán aprender guiados por el maestro. Y lo mismo el gran Leonardo Da Vinci: “Así te digo a ti, que por naturaleza tiendes a este arte, que si pretendes conocer con verdad las formas de las cosas habrás de comenzar por sus partes más simples y no correr a una segunda sin tener antes la primera bien aprendida en la memoria de la práctica. Si obraras de otra suerte perderías el tiempo o harto dilatarías el estudio. Y recuerda que has de adquirir antes diligencia que presteza. Copia primero los dibujos de los buenos maestros y haz esto según arte y del natural, que no de memoria. Más tarde dibuja el relieve, guiándote de un dibujo de él sacado. Y en fin, dibuja un atinado natural, que en él has de avezarte”. Estas recomendaciones, nacidas de la propia experiencia, fueron el sistema pedagógico de las Academias de Arte, como la nuestra, que después de su creación en 1849, cuando entonces también se impartían clases, incluso de noche, por muchos profesores-artistas como Robayna, Truhillé, Pastor, Fernando Estévez, etc., proponían como inicio de cualquier aprendizaje artístico el conocimiento y dominio del Dibujo. Había que ser dibujante primero para luego entrar en el estudio del resto de las artes plásticas. El Dibujo para el escultor, el Dibujo para el pintor, el Dibujo para el orfebre, el Dibujo para el carpintero, para el herrero, para tejedores, para los ceramistasel Dibujo para hoy, el Dibujo siempre.
Gerardo Fuentes
Gracias a Don Alonso Reyes por iniciarme en el arte del Dibujo, en el manejo de los lápices, de los carboncillos, de los difuminos, de las gomas, de los sprays, de los papeles, de los recursos, de los trucos, de la luz, del buen trabajo. Gracias a Don Alonso por enseñarme a entender  que a veces un lápiz se resiste, se niega a obedecer el dictado de tu mente. Y gracias porque me facilitó los métodos para adentrarme en el difícil mundo del retrato, por saber descubrir el color en un simple papel donde parece que sólo hay líneas negras hacia tonalidades grises.
Espero que estas palabras mías hayan servido para vestir aún más este entrañable pero querido homenaje al que fue un excelente docente de las Bellas Artes, del Dibujo, a Don Alonso Reyes

martes, 7 de mayo de 2013

ALONSO REYES BARROSO: CENTENARIO DE SU NACIMIENTO (1913-2013)

ACTO CONMEMORATIVO 
EN EL SALÓN DE ACTOS DE LA REAL ACADEMIA CANARIA DE BELLAS ARTES SAN MIGUEL ARCÁNGEL.
LUNES 22 DE ABRIL DE 2013
Despues de la apertura del acto, interviene en primer lugar, en representación de los antiguos alumnos, el arquitecto y pintor canario D. Felipe Hodgson Ravina con el titulo de "D. Alonso Reyes: Su generosidad y la metodología y enseñanza del dibujo" ...
A  Don Alonso Reyes...

Para entender  esta narración, se hace necesario ubicarla en su entorno y en su  tiempo que se describe, por decir de ese momento atrás, no existía la TV tampoco se hacían fotocopias, si se arreglaban las carreras de la medias de las señoras con una máquina muy extraña y,  si  existían los llamados carritos con ruedas, donde vendían todo tipo de golosinas incluido los bocadillos de chorizo de perro, aún no estaba proyectada  la autopista Santa Cruz-La laguna, con eso digo mucho.
Después de haber efectuado el ingreso a  bachillerato, dejamos atrás el colegio de abajo o los Escolapios de la Rambla.
Felipe Hodgson Ravina

Allí pasamos nuestra infancia de preescolar, recibiendo clases con un solo profesor por año, desde párvulos hasta ingreso. Y así pasaron los años plácidamente en este lugar lleno de niños con babis de rayas azules y blancas. Todavía recuerdo,  quien me enseñó los  signos llamados letras y su sintaxis, la ciencia de los signos y el sonido de cada letra, que unidas entre sí, esa mujer te invitaba a la lectura sin parar, diciéndote en ese caso que ya leías de corrido. Muchas veces me dejaba dormir en sus brazos al intentar  vocalizar “mi mama me mima”, y al despertarme me era muy placentero verla junto a mi lado. En este caso, la persona era Doña Lola. (Doña Lola recibió la medalla de Alfonso X “El sabio” por el Ministerio de Educación). Enseñó a media Santa Cruz a leer y escribir.

Olía a Heno de Pravia y tenía una sonrisa que te daba tranquilidad y sosiego. Ella me enseñó cariñosamente un modo de relación universal de entendimiento sobre esos garabatos, llamados letras con su estructura escrita, y  poder entender y aprender la  lectura unida a la forma de vocalizarlos para  recitarlos con entonación y exponerlos públicamente. Vamos… el famoso estructuralismo.
Introducción

Después de los dos meses de verano, accedimos todos los estudiantes que habíamos aprobado el ingreso a bachiller,  al primer año de bachillerato, a un castillo en lo alto de una montaña, con el nombre de colegio de “arriba” o el Quisisana. Justamente en el primer día de clase con los nervios en la barriga, a primera hora de la mañana, los 109 alumnos más el que escribe esta narración, fuimos reunidos en un aula llamada sala de permanencia o estudio. Nos sacaron al azar a diez escolares delante de la pizarra, yo entre ellos y,  un profesor de matemáticas, preguntó a los “afortunados”, ¿que era  un número natural?. Nadie respondió, silencio sepulcral. Renglón seguido, formuló la siguiente cuestión: ¿qué era un número decimal? De nuevo, silencio. Así sucesivamente continuó disparando preguntas como que era un número quebrado, mixto, etc... Como ustedes podrán imaginar, el silencio reinó en la sala. Pero, de repente, a causa de la tensión palpable en los 10 del “paredón”, comencé a reírme de forma nerviosa ante la falta de respuesta a las preguntas de matemáticas del profesor. ¡¡!RIAN!! (Ruido que expresa el impacto de su mano contra mi cachete, comúnmente llamado, bofetón).
El Colegio de arriba: El Quisisana

Al recibir el impacto, pensé para mis adentros, “esto es el colegio de arriba”. Ese día desfilaron ante nuestros ojos cinco profesores, uno detrás de otro sin sentido,  para niños de diez años. Fue una experiencia muy agotadora y decepcionante ya que todos esperábamos a Doña Lola entre ellos. El profesor matemático, fue D. Victoriano.
Al cabo de dos meses, si les afirmo claramente que,   esos niños, repartidos en sus respectivas aulas de 1º A, B y C, manejaban el timing de todos los pedagogos, estructurándolos por, profesores con cachondeo total en clase, semicachondeo y seriedad total. Por ejemplo, teníamos un profesor de lengua al cual le poníamos cochinitas o vaquitas en su traje al pasar junto a los pupitres, llenándole toda la espalda de estos bichos. Otro método era, mientras este señor estaba en su mesa impartiendo clases, tirábamos al suelo media peseta y él, al oír el sonido de la moneda impactar en el suelo, su sonar interno detectaba entre los pasillos de los pupitres el lugar donde se encontraba la media peseta y cautelosamente se acercaba a la moneda, la pisaba y la recogía, momento para aprovechar como buen comando que éramos todos en clase para depositar más cochinillas o vacas en su traje.
Otro era el Padre Antonio, muy parecido Filemón por sus gafas y que estaba medio sordo, y con la característica en su andar a cámara lenta. Esto hacia que también su forma de hablar fuese igual que el de su caminar con esa cadencia, muy lenta, lenta, por lo que su mote era,  “El cámara”. Él  nos daba latín y cuando recitaba en alto… “booonus, booona, boooonushh” , la primera fila de la clase se movía como un barco de vela, de babor a estribor o viceversa en función de los movimientos pendulares que ejercía  el cuerpo de “el cámara”, y toda la clase se movía al unísono con él. Derrepente paraba en su desplazamiento oscilante, diciendo en alto, ¡pero porqué se mueven! Instantáneamente, nos frenábamos tal como se paraba su cabeza, o a estribor o a babor, mientras transcurría la clase.
Otro Dibujo
Aparte, estaba el concurso de los gritos, que, como este Padre  estaba sordo como una tapia, que consistía en cronometrar con el reloj que portaba un alumno, cuyo padre tenía un bazar hindú, y lo traía el día del concurso sin que se enterara su Padre un cronometro tal cual, para dilucidar el grito más largo de toda la clase. Por cierto, perdí esta competición por décimas de segundo. Me lo ganó Farizo.
Otro cura con el que uno podía armar jaleo en su clase pero con precauciones era el Padre Julián, también llamado “El loco”. Cura de procedencia gallega, de mirada perdida por su ojo de cristal, secreto bien guardado por alguno de mis compañeros que sabían cuál era el que le fallaba su vítreo y así hacer señales con la mano en la zona visualmente en precario. Se le podía vacilar, pero si entraba en cólera,  te hacia “escupir el demonio” literalmente con esta frase introductoria: “Iiih, madre, escupa el demonio”.  Había que tener en cuenta la cantidad de saliva a escupir ya que si era excesiva, “el loco” bramaba con el puño cerrado, “no le he pedido que lo escupa tan gordo”, seguido del, anteriormente citado “RIAN”. Otra manera de amenazarte era mandándote a la capilla de rodillas para sanar los pecados. A veces emulaba a Hamlet, mirando hacia el techo, subía un brazo y declamaba bien en alto…“Iiih, madre, Galicia, la meona de España, se pasa todo el día lloviendo”, bajaba la mano y continuaba la clase.

Recuerdo una vez  que,  con una tonga de cuadernillos que tenía apilados en su mesa, uno encima de otro como si fuera una torre, el Padre Julián empezó a revisarlos y  sin venir a cuenta, derrepente,  lanzó uno tras otro los cuadernos sobre todos nosotros, como el que tira los cuchillos en el circo. Poseído por el diablo, que había que escupir anteriormente, la cadencia de tiro de los cuadernos iba increchendo. Nosotros, al ver la trayectoria de las voladas de estas hojas desplegadas en su planeo, evitábamos el impacto de estos cuadernos a semejanza de un  boxeador de cintura ágil. Al aumentar los decibelios de gritos de todos nosotros por el asombro de los vuelos de lo ícaros de papel, la sangre que corría por las venas de “el loco” hicieron crecer su tensión, y por ello,  hizo el mecanismo de cerrar el puño para comenzar a golpear a diestro y siniestro a los alumnos. Nosotros, con los ojos como platos por el asombro de su ímpetu, y actuamos como una melé de rugby pero en vez de atacar nos fuimos retrocediendo hasta que nos arrinconó en una de las esquinas del aula, como si vinieran las hordas de Atila, y ante este ataque actuamos como los romanos con sus escudos haciendo la técnica de la tortuga de defensa del ataque, aunque varios de primera línea de trinchera, entre ellos yo, recibiéramos impactos de este puño cerrado. Viendo la que nos iba a caer, unos sobre otros, gritos,  las maletas por aquí y por allá libros por los suelos, caos total y, ya en el último suspiro del K.O. técnico, nos salvó el ring del timbre por la finalización de la clase. Nos levantamos todos y hasta el día siguiente.
Mantengo y afirmo,  que el haber recibido este tipo de enseñanza, en un determinado tiempo y con estos pedagogos nos marcó a todos nosotros, en nuestro espíritu surrealista.
Profesores con seriedad total.
Don Bienvenido, profesor de Formación del Espíritu Nacional. Persona alta espigada, pelo negro y peinado con raya y  fijado con fijador luki. Su aspecto era de comisario de policía. El no paraba de hablar en la clase por esa virtud, su mote era,  “el Calandria”. En su clase decía, ¡quiero oír las campanadas del cabildo! mientras golpeaba sobre la mesa el cigarro sin filtro antes de encenderlo, fumando uno tras otro, sin parar.
D. Alonso Reyes. Esa persona entró en clase y,  nada más pasar  la lista de los alumnos presentes, todos nosotros sabíamos que era de los duros. Su aspecto era de pívot de baloncesto a semejanza de Shakil O’Neill, vamos un armario de persona un 2x2. Vestido como si fuera un lord inglés, con chaqueta de lino claro y con pañuelo en el bolsillo  a la altura del corazón de la misma. Así como Doña Lola olía a su colonia, D. Alonso olía a le de Cesar imperator. En aquellos tiempos los escolapios tenían su propia imprenta de editorial de libros,  con la autorización del Ministerio de Educación. En clase, nos dijo contemplado el cuaderno de dibujo de esa editorial, que él no quería copistas en clase y por lo tanto nos guardásemos esas estampas pues no las íbamos a necesitar para nada. Su método funcionaba de la forma siguiente, se traía una figuras de yeso, tal como un pié, una mano, una parte de una cabeza de una persona, o unas hojas de acanto del capitel corintio. Lo primero era encajar la pieza de yeso mediante un dibujo sobre un papel que tenía unas medidas establecidas. Nos decía, tracen una vertical y horizontal a lápiz y todo lo que se unía entre esos puntos eran mientras mirábamos la pieza los puntos de referencia para plasmarlo sobre el soporte y quedar proporcionado. Luego, venía el método de difuminar con algodón para dar los claros oscuros de la pieza y llegaba a  la goma que proclamaba bien en alto… ¡la goma no es para borrar, sino para difuminar!, justamente esas palabras las usé yo, más adelante dando clases en Madrid en la Escuela de Arquitectura en la asignatura Análisis de Formas Arquitectónicas, que era la asignatura hueso de primero, repitiendo a los alumnos…las mismas palabras de D. Alonso en relación a la goma de borrar. Su generosidad era una  virtud destacada en su personalidad, ya que toda persona que recibió  su aprendizaje no deja de decirme la gran persona que fue, tanto como pedagogo como de trato hacia el alumnado. En una de las clases, me atreví a decirle si me podía llevar a mi casa una pieza y me la dejó llevar para practicar en casa. 
Alonso Reyes

La desilusión.
En segundo año de bachillerato D. Alonso no me impartió sus clases y caer en desgracia por darme la asignatura a primera hora, un profesor que tenía como método de enseñanza el  repartir estampitas de escudos heráldicos de las ciudades de España  por los pupitres y nos pasábamos dibujando toda la hora los dichosos escuditos con la desesperación mía, y así pasamos a ser copistas. Dicho profesor también, nos daba la asignatura de geografía mundial de doce de la mañana a una de la tarde. En clase, siempre existía el repetidor de cursos superiores, y por regla general por su edad eran unos abusadores de todos nosotros más pequeños, y personalmente ya me traía bastante caliente dicho compañero. En clase de geografía, lo tenía castigado dicho profesor debajo de su mesa y cuando este profesor estaba escribiendo en la pizarra las ciudades de China, este gandul abusador, me empezó a  dar cortes de mangas, yo tenía a mano una goma gigante de Milán, se la lancé desde el fondo de la clase donde yo estaba situado y con tan mala fortuna, se desvía de la trayectoria,  dándole al primer pupitre y observé como el rebote de la dichosa goma volaba hacia la pizarra y le daba en la espalda del profesor.
Total, que me echó durante un mes de la clase y me volví un fugado o escapista de última hora de la mañana, usando artimañas para que no me trancara el Prefecto del colegio. Muchos días de ese mes me refugié en los confesionarios de la capilla, esperando pasar la hora de clase y esperando oír el timbre, por cierto el Padre Vicente, me vio salir una de las veces de la Capilla y seguro que habrá pensado para sus adentros,  lo religioso que yo era. Otras,  me iba a la azotea, o me quedaba en la escalera de un torreón agazapado durante una hora. En aquella época, existía un concurso de navidades en la pizarra en que dibujábamos motivos navideños y yo era el autor de la plasmación ante el encerado. Existía premios por clase y siempre nuestra clase se llevaba algún premio siendo yo el autor. En el colegio se sabía perfectamente quien era deportista, quien era príncipe de estudios, quien destacaba en alguna materia y quien era un completo gandul. Yo despuntaba en el tema del dibujo y…ya finalizando el curso habían los exámenes para las matrículas  de honor en las diferentes asignaturas y precisamente estando yo jugando en el recreo me observa el prefecto y me dice ¿Felipe tú no te presentas al examen de matrícula de honor de dibujo? Le respondo negativamente y me llevó a la clase donde se estaba efectuado el examen, el Padre habló con el susodicho pedagogo y este,  le indicó que más bien yo estaba suspendido, pero ante la insistencia del Prefecto me dijo este señor que me daba veinte minutos para que consiguiera lápices de colores y una hojas para dibujar, así salí corriendo como una bala a mi casa y con veinte minutos de ventaja de los examinandos, al entrar en clase me dijo,  se está dibujando el crucifijo de la clase, total me pusieron un diez, pero no lo matrícula.
Boceto ... dibujo...

El rescate.
Al año siguiente, me volvió a tocar el mismo profesor y mi gran desilusión fue tan grande hasta que ¡sorpresa!, se me ilumino la cara al ver aparecer a D. Alonso en la clase y hablar con este profesor y me dice bramando ese señor… ¡Hodgson coja sus tratos y váyase a la clase de D. Alonso! Mi gran rescate, vi los cielos abierto. En ese curso de tercero se impartía el color y la perspectiva caballera, con el uso de tiralíneas de tinta china, más la escuadra y el cartabón con el compás correspondiente. En clase yo tenía un gran amigo a mi lado que dibujaba muy bien y portaba una caja de lápices de colores llamados “Berol”  de Venezuela, eran lápices mas grasientos, calidad que en su uso  formaba unos contrates más que contundentes frente a los alpinos españoles. D. Alonso los observó y nos dijo como buscar más tonalidad en los trazos, apretando más o menos al dibujar y empezó a leer en alto la cantidad de colores que portaba dicha la caja de creyones de dicha marca, el dijo en alto… aquí falta el color Bermellón y el color Albero de las plaza de toros, y dio una disertación sobre ese rojo anaranjado y el de los tonos amarillentos, y formulaba mediante círculos cromáticos la teoría de los colores primarios, los secundarios en combinación de estos primeros, y nos hablo de los impresionistas en tercer año de bachillerato, pero de aquel tiempo. Otra anécdota fue cuando yo tenía un lápiz de publicidad de  una marca de sopas, el me lo pidió y se puso a dibujar con este lápiz, explicando a la clase cuales eran las cualidades de una mina dura y una blanda. Ahora sería un lápiz H ó lápiz B.
"Método de D. Alonso"
Una vez estando ya en los cursos superiores, entramos varios a los baños durante el cambio de clase. Estaban estos aposentos frente  al aula y al lado de la capilla, y al salir nosotros del W.C.,  observamos  que entraba a la capilla D. Alonso con una bata blanca y al vernos nos dijo que le acompañáramos a la sacristía de la capilla. Allí tenía desplegado un Cristo envuelto en sábanas, todas las gubias, martillos etc.… sobre una mesita al lado del cuerpo que tallaba,  quitó el envoltorio y vimos una preciosa talla  de madera con el Cristo, nos invitó a tocarla y nos dijo que casi la tenía acabada a falta de mas lija y que le iba a pasar los barnices correspondientes. Allí justo en ese momento,  volví a entender a esta persona tan  amable, entrañable y  de fácil acceso  entregado a lo que más le gustaba,  que era el arte en su totalidad y volcado en cada una de sus facetas. Persona con mayúsculas, que dio clases a los Escolapios,  al Instituto de Santa Cruz,  a Las Dominicas y que organizaba incluso,  partidos de futbol entre  los presos de la cárcel y los alumnos de los Escolapios, pues también impartía su  pedagogía en clases nocturnas en  esa institución carcelaria.
Lo vi ya en su último año de vida,  cerca de la Plaza Irineo González, y me preguntó por un perro que se le había perdido y si yo había acabado mi carrera de arquitecto, le respondí que no había visto a ningún perro y a la segunda pregunta le contesté  afirmativamente que sí y me dijo… ¡tú eras de los buenos dibujando!  ¡Gracias D. Alonso, se lo debo a usted!

Desde este escrito afirmo que…  si, un profesor de dibujo, le borra un trazo de lápiz que ha sido efectuado por un alumno, es inmoral por su parte, mostrando la total ausencia del ejercicio de la imaginación. Yo lo padecí con otro profesor, al contrario de D. Alonso, que  nunca se le ocurrió hacerlo y en cambio, sí fomentó el trazo sin titubeos, el claro oscuro de la figura con el algodón como suplemento a esta técnica y como usar la goma para difuminar con la imaginación. A él,  le debo en parte que mi Tesis Doctoral  fuera sobre… ¿Es el dibujo una herramienta o se usa como instrumento en cualquier proceso de diseño?
Afirmo rotundamente que,  “El Dibujo” es un lenguaje universal al igual que la lectura y que también por la memoria de Tenerife no caiga en el olvido tan GENEROSA persona que era D. ALONSO REYES. 
Muchísimas gracias